domingo, 17 de enero de 2016

Transbordos constantes y parada en el andén 19

Estoy aquí, sentada con mis apuntes. Tengo el ordenador encendido, y como no, los cascos puestos. La música es lo único que me ayuda cuando estoy sola en este piso que, por mucho tiempo que pase en él no llego a considerarlo mi hogar.
Sandra apenas está pero la entiendo. Si yo pudiese también andaría más por casa.

Este fin de semana he tenido tiempo para pararme a pensar porqué soy así.
Porqué me rodean ciertas personas, qué busco realmente en esta ciudad, si lo que estudio me complace… Tengo la cabeza hecha un lío, como el primer día que pisé este barrio.

No soy la misma persona que era en septiembre de 2014. Por aquel entonces no era yo, no estaba contenta conmigo misma. Sí es cierto que todos mis propósitos los estaba cumpliendo, conseguía todo aquello que me proponía pero ¿y qué? No era todo lo feliz que me gustaría pese a vivir en mi casa con mi familia, tener una pareja y tal.
Me hace gracia porque en toda mi vida no he tenido nada exactamente definido. Con esto me refiero a algo consistente, que perdurase en el tiempo. No he tenido una amistad fuerte, creo que eso me ha marcado, o por lo menos esa persona que me “acompañó” durante diez años de mi vida ¿ayudándome a ser lo que me gustaría?

Que va. Yo era demasiado inocente, no me di cuenta de que siempre me mantuve alejada de el resto del mundo por así definirlo y me costaba ver que esa persona no era buena, por mucho que me alentara la gente, por mucho que mi alma gemela así me lo dijese todos los días. No lo sé, pero no tuve la suerte de encontrarme con “mi amistad desde la infancia” y no puedes andar hacia atrás para agarrar a esa persona del brazo, fuese quien fuese y que hoy estuviese a mi lado aún.

En este aspecto ahora parece que mi vida está tomando un poco de sentido. Con 19 años. Pero en fin, llevo 17 años con una pequeña que sí ha sido amiga mía y es que no hay nada mejor que una hermana. El otro día oí por ahí (en Twitter por que, ¿para qué le vamos a echar ovarios y decir las cosas a la cara? Mejor por indirectas, ¿no?) que nosotras estábamos solas… ¿SOLAS? Me río de eso, cuando mi madre lo primero que nos enseñó a las dos es a estar acompañadas hasta el final de nuestras vidas. No sería nada sin mi hermana y sé que ella no sería quien es si yo no estuviese. Los hermanos se siguen el uno al otro, da igual quien sea el mayor y el menor.

De hecho hace poco descubrimos que nos gustaba la misma música. Nunca logré tener una personalidad definida, por llamarlo de alguna manera. Supongo que como nunca he tenido nada sólido, se ha visto reflejado en mi propio yo. Y ahora escucho los estilos que de verdad me gusta y que antes ni si quiera sabía que me podían llegar tanto, que me podían aportar tanto.

No sé que busco en esta ciudad. Primeramente estoy aquí por mis estudios pero cuando cambias tu cama en la que siempre has dormido, y no escuchas los pasos de tu padre todas las mañanas al despertar todo cambia. En el pueblo estás sumado a la monotonía y no sé, pero el pueblo es de mente cerrada. A mí me recuerda a la película de “El show de Truman” porque todo el mundo hace lo mismo constantemente. El tema principal es… no lo sé porque siempre se está criticando. La gente se alborota cuando nace una nueva pareja y para mí simplemente es libertad en estado puro… “es que su novio tiene tantos años” y qué, ¿te afecta en algo? Porque yo sigo comiendo todos los días, durmiendo muy tranquila y cago igual todas las mañanas. No me afecta en nada las decisiones del resto de la gente, por tanto no veo porqué alborotarse.

Tras salir de ese pueblo, lo primero que te encuentras son a personas igual que tú, nuevas en ese mismo lugar. Y yo creo que aquí nos hemos creado los unos a los otros desde el primer día. Con nuestras buenas y malas rachas, nuestras borracheras, alguna resaca juntos, mil horas de búnker juntos,  alguna cama compartida por alguna noche con alguien por quien terminaste desinteresándote. Esas vivencias diarias desde que estamos aquí nos ha creado a cada uno de nosotros.

No es cierto que escuche la música que escucho por modas, como dice un amigo mío. Tampoco me visto así por que se lleva, ni he abandonado las discotecas como lugar de salida por que me crea superior.

Desde que escucho esa música, visto así y voy a los sitios que de verdad me hacen sentir a gusto soy feliz. Soy realmente feliz porque por primera vez en mi vida me gusta como soy. He encontrado mi lugar en esa facultad que, aunque aún no esté segura de que la estadística sea lo mío, tengo la suerte de poder estudiar. Además en esa facultad conocí a una de mis dos mejores amigas. Me llevo momentos increíbles de este sitio y los guardo en mi cabeza todos los días, antes de dormir.

Por fin cuando alguien me pregunta qué música escucho puedo decirlo sin avergonzarme como antes, porque ni si quiera yo estaba segura de que aquello me gustase realmente. Y así con todo. Soy feliz porque la personalidad que llevo conmigo me hace sentir bien. Soy feliz porque la gente que me rodea, por primera vez son de verdad y los conozco. Están ahí en las buenas y en las malas. Aunque no hable con ellos todos los días pero siempre están ahí.

Cuando he empezado a escribir este texto he dicho que tengo la cabeza hecha un lío. Eso es porque no consigo responderme como a los 19 años he empezado a ser quien soy,  sana por dentro y por fuera. A veces se me vienen varias respuestas a la cabeza pero prefiero guardármelas para mí.


Y por cierto, la chavala que dice que mi hermana y yo estamos solas… No sé que opinar de una persona en la que no es su personalidad, si no su vida en general la que no tiene un mínimo de solidez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario