Estoy aquí, sentada con mis apuntes. Tengo el ordenador
encendido, y como no, los cascos puestos. La música es lo único que me ayuda
cuando estoy sola en este piso que, por mucho tiempo que pase en él no llego a
considerarlo mi hogar.
Sandra apenas está pero la entiendo. Si yo pudiese también
andaría más por casa.
Este fin de semana he tenido tiempo para pararme a pensar
porqué soy así.
Porqué me rodean ciertas personas, qué busco realmente en
esta ciudad, si lo que estudio me complace… Tengo la cabeza hecha un lío, como
el primer día que pisé este barrio.
No soy la misma persona que era en septiembre de 2014. Por
aquel entonces no era yo, no estaba contenta conmigo misma. Sí es cierto que
todos mis propósitos los estaba cumpliendo, conseguía todo aquello que me
proponía pero ¿y qué? No era todo lo feliz que me gustaría pese a vivir en mi
casa con mi familia, tener una pareja y tal.
Me hace gracia porque en toda mi vida no he tenido nada
exactamente definido. Con esto me refiero a algo consistente, que perdurase en
el tiempo. No he tenido una amistad fuerte, creo que eso me ha marcado, o por
lo menos esa persona que me “acompañó” durante diez años de mi vida ¿ayudándome
a ser lo que me gustaría?
Que va. Yo era demasiado inocente, no me di cuenta de que
siempre me mantuve alejada de el resto del mundo por así definirlo y me costaba
ver que esa persona no era buena, por mucho que me alentara la gente, por mucho
que mi alma gemela así me lo dijese todos los días. No lo sé, pero no tuve la
suerte de encontrarme con “mi amistad desde la infancia” y no puedes andar
hacia atrás para agarrar a esa persona del brazo, fuese quien fuese y que hoy
estuviese a mi lado aún.
En este aspecto ahora parece que mi vida está tomando un
poco de sentido. Con 19 años. Pero en fin, llevo 17 años con una pequeña que sí
ha sido amiga mía y es que no hay nada mejor que una hermana. El otro día oí
por ahí (en Twitter por que, ¿para qué le vamos a echar ovarios y decir las
cosas a la cara? Mejor por indirectas, ¿no?) que nosotras estábamos solas…
¿SOLAS? Me río de eso, cuando mi madre lo primero que nos enseñó a las dos es a
estar acompañadas hasta el final de nuestras vidas. No sería nada sin mi
hermana y sé que ella no sería quien es si yo no estuviese. Los hermanos se
siguen el uno al otro, da igual quien sea el mayor y el menor.
De hecho hace poco descubrimos que nos gustaba la misma
música. Nunca logré tener una personalidad definida, por llamarlo de alguna
manera. Supongo que como nunca he tenido nada sólido, se ha visto reflejado en
mi propio yo. Y ahora escucho los estilos que de verdad me gusta y que antes ni
si quiera sabía que me podían llegar tanto, que me podían aportar tanto.
No sé que busco en esta ciudad. Primeramente estoy aquí por
mis estudios pero cuando cambias tu cama en la que siempre has dormido, y no
escuchas los pasos de tu padre todas las mañanas al despertar todo cambia. En
el pueblo estás sumado a la monotonía y no sé, pero el pueblo es de mente
cerrada. A mí me recuerda a la película de “El show de Truman” porque todo el
mundo hace lo mismo constantemente. El tema principal es… no lo sé porque
siempre se está criticando. La gente se alborota cuando nace una nueva pareja y
para mí simplemente es libertad en estado puro… “es que su novio tiene tantos
años” y qué, ¿te afecta en algo? Porque yo sigo comiendo todos los días,
durmiendo muy tranquila y cago igual todas las mañanas. No me afecta en nada
las decisiones del resto de la gente, por tanto no veo porqué alborotarse.
Tras salir de ese pueblo, lo primero que te encuentras son a
personas igual que tú, nuevas en ese mismo lugar. Y yo creo que aquí nos hemos
creado los unos a los otros desde el primer día. Con nuestras buenas y malas
rachas, nuestras borracheras, alguna resaca juntos, mil horas de búnker
juntos, alguna cama compartida por
alguna noche con alguien por quien terminaste desinteresándote. Esas vivencias
diarias desde que estamos aquí nos ha creado a cada uno de nosotros.
No es cierto que escuche la música que escucho por modas,
como dice un amigo mío. Tampoco me visto así por que se lleva, ni he abandonado
las discotecas como lugar de salida por que me crea superior.
Desde que escucho esa música, visto así y voy a los sitios
que de verdad me hacen sentir a gusto soy feliz. Soy realmente feliz porque por
primera vez en mi vida me gusta como soy. He encontrado mi lugar en esa
facultad que, aunque aún no esté segura de que la estadística sea lo mío, tengo
la suerte de poder estudiar. Además en esa facultad conocí a una de mis dos
mejores amigas. Me llevo momentos increíbles de este sitio y los guardo en mi
cabeza todos los días, antes de dormir.
Por fin cuando alguien me pregunta qué música escucho puedo
decirlo sin avergonzarme como antes, porque ni si quiera yo estaba segura de
que aquello me gustase realmente. Y así con todo. Soy feliz porque la
personalidad que llevo conmigo me hace sentir bien. Soy feliz porque la gente
que me rodea, por primera vez son de verdad y los conozco. Están ahí en las
buenas y en las malas. Aunque no hable con ellos todos los días pero siempre
están ahí.
Cuando he empezado a escribir este texto he dicho que tengo
la cabeza hecha un lío. Eso es porque no consigo responderme como a los 19 años
he empezado a ser quien soy, sana por dentro y por fuera. A veces se me vienen varias
respuestas a la cabeza pero prefiero guardármelas para mí.
Y por cierto, la chavala que dice que mi hermana y yo
estamos solas… No sé que opinar de una persona en la que no es su personalidad, si no su vida en general la que no tiene un mínimo de solidez.
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